Y es que no podemos negar que el mundo digital y todos los adelantos tecnológicos que a diario se presentan a través de él, no solo logra cautivarnos sino además colocarnos a soñar y hasta a especular, sin embargo debemos comprender que como parte de la industria cultural que es, en algunos casos este cumple con unos prerrequisitos mercantiles muy concretos, esos a través de los cuales se nos lleva a coexistir en la nebulosa de los deseos, los mismos que por no ser alcanzados por nuestras expectativas nos llenan de insatisfacciones y hasta nos quitan los propósitos de nuestras coexistencias. De allí la importancia de lograr comprender que aunque nos promuevan un mundo de ensueños, ello no hace parte del todo de nuestra diaria realidad y por ende esa virtualidad no puede cogobernar nuestras diarias búsquedas.

Una perla anónima nos induce: “madurar es cuidar lo que se dice, respetar lo que se escucha y meditar lo que se calla”.

Cuentan que cuando le preguntaron al creyente lo que opinaba de las nuevas tecnologías, la globalización e incluso la influencia de las redes sociales en nuestras vidas, este comentó: – siento que hoy en día podemos hablar de los mismos siete pecados capitales que sin ser diferentes a los del mundo antiguo, ahora son promovidos con mayor énfasis en el mundo digital y estos son: la lujuria de tinder, la gula de ifood, la ira de twiter, la la soberbia de Instagram, la pereza de netflix, la envidia de Facebook y la avaricia de linkedln.

Con esto no estamos descalificando el rol que desempeñan algunas redes sociales y menos intentando invitar para que no se les use, sino por el contrario la reflexión debe llevarnos a revisar hasta que punto muchos de los deseos cotidianos que nos hacen infelices llenándonos de insatisfacciones y depresiones pueden ser promovidos por el errado uso que le damos al mundo digital y global, que por el contrario proyecta tantas cosas novedosas y maravillosas si así lo búscanos.

El Texto de Textos nos revela en Eclesiastés 8:8, “no hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte; y no valen armas en tal guerra, ni la impiedad librará al que la posee”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                            COTIDIANIDADES…                                                                                     ¡nos trasformaremos!