Regularmente preferimos quejarnos por lo que suponemos nos hace falta en vez de aprovechar todo lo que la vida y nuestro propio ser nos ofrece para degustar de esta, gracias a todo aquello con lo que se nos ha dotado y que en ocasiones por esa visión nefasta y negativa, obviamos. Se trata entonces de revisar nuestros dones o fortalezas o por lo menos de observar mejor nuestros entornos para permitirnos descubrir, que tenemos muchas cosas por las cuales agradecer y además lograr con esos insumos propios el mejorar no solo la calidad de nuestras existencias sino las de nuestros entornos, por ello el verdadero llamado que se nos hace a diario no es a reclamar por lo que nos falta sino más bien usar mejor lo que en ocasiones suponemos nos sobra.

Una perla anónima nos expresa que, “una buena memoria consiste en saber de que es mejor olvidarse”.

Cuentan que cuando le preguntaron al experto en economía el por qué un país como Japón que no tenia petróleo, ni hierro, ni aluminio, ni oro y menos grandes recursos naturales bañados como otros por ríos caudalosos, se encontraba entre las grandes potencias mundiales con altísimos niveles de desarrollo, este explicó que: en el reparto de bienes, afortunadamente a los japoneses solo le toco disciplina, obediencia, cerebro y moralidad y que gracias a ello era que los países subdesarrollados deberían aprender de dicho buen ejemplo.

Y es que desafortunadamente preferimos quejarnos por lo que aparentemente no tenemos que potencializar todo con lo que sí contamos y con lo cual podríamos ser verdaderamente felices, lo cual implica revisarnos, reconocer nuestros dones y fortalezas, trabajar para que estos logren cada vez su mayor aporte a nuestras vidas y las de los demás y además con ese sano ejemplo adiestrar a otros para que hagan lo mismo.

El Texto de Textos nos revela en Romanos 10:9, “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que el Creador le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                            COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!