El concepto de enemigo es bastante amplio a la hora de su uso y aunque etimológicamente el latín nos invitó a verlos como no amigos y por ende, no tanto a colocar a estas personas en el actual nivel de rivales o agresores, lo cierto es que en su cotidiana expresión regularmente se vislumbra este termino no solo como alguien que no es nuestro amigo sino que esta interesado en hacernos algún tipo de daño. Incluso bajo los criterios más rigurosos, esos que nos invitan a estar de un bando o a estar en el otro, pareciera que no tenemos más opción que colocarnos en una de las dos partes convirtiéndonos de insofacto en enemigos de la otra parte. Lo que probablemente ha hecho que cada vez existan más creencias antagónicas, llegando incluso al absurdo punto de considerar que algunos de esos contradictores deberían desaparecer.

Una perla anónima asegura que, “no importa cuanto tiempo hayas viajado en la dirección incorrecta, recuerda que siempre puedes dar la vuelta”.

Cuentan que cuando el grupo de insectos entró en conflicto por un territorio, una de las hormigas reinas más jóvenes, tomó la supuesta sabia decisión de no entrar más en pelea con esos otros, a la espera que con su actuar algunos de esos animales considerados como sus predadores cambiaran de postura, Pero desafortunadamente ante su impaciencia estos no actuaron, así que la hormiga compró algo de insecticida esperando eliminar así a las cucarachas pero como los resultados no eran satisfactorias tras su impaciencia roció todo el tarro de insecticida, incluso en donde ella y su comunidad iban a buscar comida, con lo cual mató moscas, otros insectos y sin quererlo a parte de su colonia, incluyéndola a ella.

Desafortunadamente aunque nos parece una fabula, lo cierto es que lo mismo hacemos los seres humanos incluso bajo visiones de paz. En donde en busca de lograr una armonía entre algunos pueblos que se suponen más civilizados, se agrede a otros, con el criterio que son más violentos, logrando únicamente con ello, guerras que terminan aniquilándonos a todos.

El Texto de Textos nos revela en Juan 13:13, “vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!