Y aunque el concepto puede llevarnos a diversos tipos de reflexiones, lo cierto es que que debemos intentar que nuestro ser ilumine o motive las existencias de todas aquellas personas con las cuales convivimos. Lo que nos obliga prioritariamente a convertirnos en fuente de luz desde nuestro ser interior y por lo tanto, a encontrarle sentido y propósitos a nuestras existencias desde todo aquello que somos, tenemos y hacemos. Visión que aunque parece compleja en un mundo en donde es más fácil decepcionarnos, que sabernos bendecidos, es necesaria para desde esa perspectiva posibilitarnos el darles a esos otros, lo mejor que tenemos. En vez de esperar que sean esos nuestros próximos los que tengan que estar a cada instante motivando nuestras existencias.

Una perla anónima nos reitera que, “hay que dejar la vanidad a quienes no tiene otra cosa que exhibir”.

Cuentan que cuando al hombre que había estado en prisión por varios años, le llegó su carta de libertad, este decidió solicitar quedarse en dicha cárcel, trabajando y apoyando a los nuevos reclusos. Por lo que cuando el director de la prisión le pidió una explicación al respecto de por qué no quería salir en libertad, este le comentó: – aquí aprendí que la libertad es un estado interior y además que en las peores situaciones es quizá en donde uno crece más, así que siento la necesidad de enseñarle a otros de lo que yo aprendí y eso es lo que quiero usted me permita seguir haciendo en esta cárcel.

Y es que por momentos nos olvidamos, que cuando aprendemos algo estamos en la obligación de compartir ese saber con otras personas. Quizá por ello el conocimiento se compara con una especie de luz que se enciende en nuestro ser interior y que adicionalmente al compartirlo con otros ilumina mejor todos nuestros nuevos senderos.

El Texto de Textos nos revela en Proverbios 13:18, “pobreza y vergüenza tendrá el que menosprecia el consejo; más el que guarda la corrección recibirá honra”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!