Diversas historias cotidianas nos invitan a que no le demos oído a una serie de comentarios que regularmente no son más que la visión de los seres que los emiten y en algunos casos sus propios malos sentimientos, esos que no saben cómo o contra quien expresar. Incluso es bien sabido que ciertos comentarios no son más que producto de la envidia, por lo que lo más lógico es no darles espacio en nuestras existencias y menos dejarlos entrar a través de los labios de otros seres que quizá inconscientemente estan guardando la misma errada visión al respecto de cómo debemos retroalimentar las vidas de quienes hacen parte de nuestras comunidades. Dejar que se nos digan cosas que no deberían siquiera ser escuchadas, es nuestro primer mal hábito a trasformar para no seguir prolongando y menos magnificando los incoherentes deseos de algunas personas.

Una perla de Pindaro expresa que, “muchas veces lo que se calla hace más impresión que lo que se dice”.

Cuentan que cuando el mejor amigo llegó a contarle una serie de bochinches que estaban circulando al respecto de la vida de quien incluso se había alejado de esos viejos amigos de tertulia, quienes quizá molestos aseguraban que él estaba en un estado terminal, quien no quería escuchar lo que le dirían comento: – por el contrario, estoy en un nivel de tranquilidad, que entendí que no cualquier huracán puede hacerme tambalear y, ahora me da pereza contestar las ofensas y por ello paso por alto las frustraciones de los demás, es más, estoy tan ocupado tratando de ser alguien mejor y conquistando mi propia libertad que entrometerme en las vidas ajenas no es ninguna de mis prioridades.

Desafortunadamente no podemos negar que algunos comentarios de terceros no solo nos afectan sino que en algunos casos hasta nos infectan, logrando deteriorar no solo nuestra armonía sino nuestra salud, lo que implica asumir el maravilloso reto de proponernos el no dejarnos por lo menos infectar por todos esos comentarios mal intencionados a los que al prestarle nuestros oídos les estamos dando un mayor espacio en nuestras vidas.

El Texto de Textos nos revela en Efesios 2:3, “entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!