Uno de los errores más comunes que cometemos, es el confundir lo que significa realmente el amor. Ya que en medio de sentimientos que hasta equiparan al amor con el odio o que nos llevan a apegarnos de las personas bajo criterios amorosos, dichas confusiones nos distraen, debido a que el amor como un fluir perfecto universal nos invita es a hacernos parte, a integrarnos, dando para ello lo mejor de nosotros sin esperar nada a cambio. Ya que cual rio, ese amor debe tocar todas las partes de nuestro ser como las de los demás seres con los que cohabitamos. Bajo esa mirada priorizar el amor implica no tanto anhelar ser correspondido o el proveer a nuestra pareja y familia de todo lo que necesite, lo cual es sano, más si el darle nuestros mejores momentos y actitudes a todos esos seres a los cuales debemos profesar dicho amor.

Una perla anónima explica que, “la experiencia no es lo que te sucede, sino lo que haces con lo que te sucede”.

Cuentan que en una cotidianidad la mujer decidió separarse del esposo pese a que sus amigas consideraban a este como un ser ejemplar, que incluso le había dado a ella todos los bienes necesarios para sentirse cómoda. Sin embargo poco compartia con ella y su familia por estar todos los días en su empresa la cual le daba muy poco espacio para ellos. Asi que ella les dijo a quienes le criticaron por tal acción: – me demore un poco en comprender y aprender que en lugar de recibir amor por unos ratos, era mucho mejor y necesario el amarse a uno mismo por siempre.

Con esto no estamos aplaudiendo decisiones relacionadas al divorcio, más sí motivando reflexiones que nos permitan entender que tenemos en algunos momentos de nuestras vidas enfrentadas nuestras prioridades y tan truncadas que desafortunadamente confundimos el amor con una serie de sentimientos, emociones y estados que convierten a algunos en excelentes proveedores pero en perversos amantes y peores padres.

El Texto de Textos nos revela en el Salmo 14:2, “el Creador miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido, que buscara del Creador. Todos se desviaron, a una se han corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                        COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!