Existe una tendencia que nos lleva a creer que si a los treinta años de vida no se han logrado ciertas cosas, esas que el mercado comercial proyecta como logros exitosos; entonces la vida no tiene ningún sentido. Y es tan fuerte esta creencia, que ya en algunos países de los que se autodenominan como desarrollados decenas de personas se suicidan debido a dicho errado criterio. Obviando quizá que la misma historia de vida de cientos de famosos, logró florecer a edades avanzadas en donde incluso se presumía que esos seres ya no tenían fuerzas para continuar y por ende se les descalificaba como fracasados. Lo que quiere decir que el fracaso es una actitud mental de quien por sus propias creencias prefiere rendirse que continuar en la brega.

Una perla anónima nos insinúa, “tu eliges tus creencias pero de todas ellas la mejor recomendación que nos pueden hacer es el creer en uno mismo”.

Cuentan que cuando le preguntaron al artista Fernando de Sziszlo en una entrevista cuando tenia noventa años de edad y quien murió a los noventa y dos años, debido a que se cayó por las escaleras, el por qué aún a esa avanzada edad todos los días seguía pintando incluso con más vehemencia que cuando estaba muy joven, este simplemente comentó: – siento que debo seguir debido a que todavía no he pintado el cuadro perfecto que siempre he soñado pintar.

Los anales de nuestra historia están plagados de seres que a sus ochenta o noventa años lograron enormes hazañas que vale la pena tener en cuenta, pero incluso, si a esa edad o en nuestro día a día no quedamos inscritos dentro de esos listados de hombres que trascienden a la historia, valdría la pena también que valoráramos el hecho de sabernos vivos y disfrutando de una existencia en donde la mayoría de personas por esas erradas creencias, se perciben como fracasados, cuando lo único que habría que cambiar realmente son sus expectativas y los deseos mercantiles que a ellas se adhieren.

El Texto de Textos nos revela en Levítico 19:16, “no andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!