Aunque regularmente hacemos parte integral de una comunidad es importante entender que no trabajamos regularmente por esa comunidad sino que desafortunadamente lo hacemos más para nosotros mismos y nuestro bienestar, siendo capaces en algunos momentos de pasar por encima de quienes conviven con nosotros, con tal de obtener los resultados egoístas que hemos planeado. Visión que vale la pena revaluar, ya que hacemos parte de lo común, lo que quiere decir que coexistimos en comunión y por ello es que nos comunicamos permanentemente y de diferentes formas, lo que quiere decir que sin esa comunidad realmente no podríamos alcanzar ese modelo de vida fraternal en el que deseamos cohabitar. Bajo esa mirada en vez de seguir buscando exclusivamente nuestro bienestar particular, debemos colocar nuestros dones y lo mejor de nosotros en pro de esa bien general.

Una perla de Pablo Neruda expresa, “no hagas con el amor lo que hace un niño con su globo que al tenerlo lo ignora y al perderlo llora”.

Cuentan que cuando le preguntaron a la líder comunitaria el cómo había logrado que en su sector las personas y vecinos tuvieran unas relaciones tan armónicas, ella expresó: – ¡con mi propio ejemplo! Intentando que a diario nos cuidemos de hablar mal, no solo de las otras personas, sino de la misma vida. Por ello trabajamos bastante en nuestros pensamientos para evitar que de estos se desprendan imaginarios negativos. También siempre estamos prestos a dialogar con quienes podemos estar promoviendo algún tipo de roce o conflicto y como si fuera poco estamos continuamente intentando vernos siempre como grupo y no desde una perspectiva de intereses particulares.

Y es que si a diario evitáramos agredir, gritar o maldecir de algo o de alguien, las cosas siempre podrían visionarse desde una perspectiva mejor. No olvidemos que quien grita no se siente escuchado y menos supone se atendido y entendido, de allí la importancia de habituarnos a dialogar con nosotros mismos y los demás, reconociendo todos esos errores propios que tenemos incrustados en nuestros hábitos y proponernos bajo esa línea de acción, el recibir el apoyo de nuestros próximos.

El Texto de Textos nos revela en Romanos 8:2, “porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!