Hay personas que frente a algunos conocimientos e incluso ante algunas metodologías de enseñanza se consideran mejor u superiores a otros y quizá, ello se debe a nuestros modelos educativos, que regularmente han preferido calificar que cualificarnos. Sin embargo las cosas deben cambiar, debido a que si adquirimos más y nuevos conocimientos que los demás, ello no es un privilegio, sino que debe convertirse en una responsabilidad que nos obliga a apoyar a estos otros y a guiarles para que alcancen nuestros mismos conceptos, lo que quiere decir que si sabemos algo, no es para guardárnoslo y menos para sentirnos más, sino simplemente para compartirlo y guiar las existencias de esas otras personas que todavía no han logrado como nosotros, colocar en práctica dichos nuevos saberes.

Una perla de Jalil Gibran argumenta: “protegedme de la sabiduría que no llora, de la filosofía que no ríe y de la grandeza que no se inclina ante los niños”.

Cuentan que cuando el coordinador de la escuela observó como un docente humillaba a otro porque este no entendía una nueva propuesta que había llegado del magisterio, como nueva metodología de trabajo, se acercó a ambos y les dijo: – estimados maestros, creo que no es necesario enojarse de ninguna manera si a veces las otras personas, no entienden lo que les explicamos, así hagamos esto una y otra vez, incluso, no se trata de hacer sentir a esa otra persona como tonta o incapaz, sino más bien de ayudarle a comprender, atendiendo que esa otra persona no es bruta, menos indiferente o incapaz, simplemente es otra persona con otras posibilidades de aprendizaje.

En medio de la estandarización de la educación nos parece anormal que una persona no aprenda como la mayoría, todo por que suponemos como correcta esa metodología conductista que hemos usado por siglos, y que sigue homologándonos como buenos o malos, cuando debería ayudarnos mejor aceptar que somos otros, con diversas posibilidades de aprendizaje y de comprensión.

El Texto de Textos nos revela en I de Corintios 15:28, “pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                            COTIDIANIDADES…                                                                                    ¡nos trasformaremos!