Esta demostrado que lo que creemos percibir depende de alguna manera de quienes suponemos somos, de nuestra sensibilidad,  de nuestro carácter y temperamento, de nuestro nivel educativo, de nuestra identidad cultural, de las creencias religiosas, ideologías políticas, incluso tendencias sexuales y de género, como también de la influencia del paso de los años en nuestro ser, combinado con un status social e incluso nuestra capacidad adquisitiva, lo que implica que esa suma de experiencias de vida, agradables o no, multiplican nuestra visión al respecto de lo que consideramos es la vida a la hora y por lo tanto un modelo de pensamiento que no funciona de la misma manera para otra persona así nuestros imaginarios parezcan similares por lo que dichos simbolismos con sus tonalidades, lenguajes e imaginarios nos hacen diferentes, lo que quiere decir que cada cabeza es un mundo.

Una perla anónima nos dice que, “todo ese amor que llevamos dentro debe fluir para ayudarnos a resolver los dilemas que en nuestras mentes solo saben crecer”.

Cuentan que cuando un amigo le contó al otro que tenia una serie de espejismos que le generaban extrañas percepciones con relación a lo que las demás personas veían, este, antes de explicar estas alucinaciones a través de conceptos exotéricos o hasta especulativos, le dijo: – si revisas lo que le sucede a ciertas personas que están atravesando el desierto y que se encuentran en estados de necesidad fisiología, te darás cuenta que todo no es más que una ilusión óptica que produce nuestro cerebro y que simplemente explica un deseo intenso que tiene nuestro ser.

Y aunque no estamos descalificando a algunas personas, que se visionan como más desarrolladas por su capacidad perceptiva, frente a otras, enfrentadas a una misma situación, si vale la pena que entendamos que todo depende no solo de nuestros deseos, de nuestras creencias sino también de las necesidades que nos generan ciertas situaciones, en donde el cuerpo encuentra la forma de llamarnos la atención.

El Texto de Textos nos revela en Isaías 50:4, “El Creador el Señor, me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado; despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                            COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!