Algunos expertos expresan que las personas impacientes dejan que esa ansiedad les domine e incluso por ello consumen alimentos de más, para intentar menguar esos muchos deseos, de no se sabe que cosas, que les contaminan, lo que contradictoriamente les genera más ansiedad y además obesidad. Adicionalmente esos estados de impaciencia o ansiedad hacen que dichos seres se alimenten peor y hasta se dejen invadir del famoso estrés, logrando con esa actitud también, estrechar sus vasos sanguíneos, incrementando así su presión arterial, lo que conlleva a que se pueda dar incluso un envejecimiento prematuro. Quizá por ello se nos dice que la paciencia es la madre de todas las ciencias y que necesitamos aprender a cultivarla desde nuestra niñez degustando de sus procesos en vez de solo esperar el momento de los resultados.

Una perla anónima nos dice que “así como se contagia la euforia también lo hace la depresión”.

Cuentan que en una cotidianidad la abuela observó como su nieta era dominada por la impaciencia de la juventud así que además de intentar recordarle que todo tiene un momento, un tiempo, un lugar y una razón de ser, le regalo un libro con énfasis espiritual y dentro de él una nota que decía: – la paciencia no es simplemente la capacidad de esperar, tiene que ver más con cómo comportarnos cuando esperamos.

Se dice que todo en la vida implica un proceso y aunque a algunas personas pareciera que dicho paso a paso se le hace más lento que a otras, especialmente en lo que tiene que ver con nuestras expectativas y deseos, todos deberíamos entender la importancia de disfrutar de ese proceso y de las muchas enseñanzas que en cada uno de esos instantes se nos ofrece en vez de fijarnos solo en los resultados.

El Texto de Textos nos revela en Salmo 103:2, “bendice, alma mía, al Creador, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias; El que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!