Estamos metidos en sociedades que generan todo tipo de distractores, aficiones, deseos, anhelos y hasta dificultades en donde nos enfocamos más y más, cuando deberíamos proyectar nuestras metas intentando tras ese objetivo, ignorar eso que hacen los otros y que nos desvía nuestra atención y por lo tanto, priorizar el punto a donde sí queremos llegar. Se trata incluso de dejar de buscar culpables y permitirnos concentrarnos en aquello que anhelamos y que llenará nuestras vidas plenamente. De lo contrario seguiremos dejando incluso que cualquier ruido o imagen nos conecte con lo que en sí se nos quería hacer percibir como real, obviando lo que nosotros queríamos alcanzar a través de esas circunstancias en donde por estar distraídos perdemos nuestro rumbo.

Una perla de Sartre afirma: “felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace”.

Cuentan que cuando el feligrés se quejo que observaba en el culto una serie de comportamientos no dignos de ese sitio sagrado, el predicador le pidió que en el próximo culto cargara durante la ceremonia, un vaso lleno de agua. Por lo que al final del culto el predicador, le preguntó que había observado, a lo que este respondió: – estaba tan concentrado en el vaso para no tirar el agua que no percibí nada. Así que el predicador le dijo: – así deberías mantenerte en el culto, al enfocarte en tú oración y en la entrega al Señor, con lo cual no te molestarán las imprudencias y malos ratos que te hacen pasar quienes asisten a una iglesia pero se olvidan de qué es lo más importante allí.

Y es que hay quienes se quejan y hasta se retiran de los cultos y de los grupos de oración por culpa de la gente que allí asiste, sin entender que su labor, como seguramente la de esos otros, es la de buscar allí y en todos los lugares a su Creador, siendo para ello necesario que en lo individual cada quien se enfoque más en su búsqueda interior que en los distractores exteriores que ofrecen los demás.

El Texto de Textos nos revela en Efesios 6:17, “y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra del Creador; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!