Se cree que entre más conocimiento un ser humano adquiere más coherente deben ser sus comportamientos con relación a su propia vida, entendiendo además que no es consecuente con nuestro conocimiento el querer destruir a los demás y menos el pretender con esos saberes subyugar a otros. Sin embargo nuestra historia como especie ha demostrado lo contrario y en vez de lograr relaciones más armónicas gracias incluso a lo que hoy denominamos revolución tecnológica nos estamos depredando, ya no solo a través de guerras y conflictos, sino con estilos de vida altamente dañinos. Es entonces obligatorio que comprendamos el verdadero propósito de nuestros conocimientos y que les demos a estos un uso verdaderamente coherente, correcto y consecuente.

Una perla anónima nos informa que, “la escuela volverá a ser el segundo hogar cuando la familia vuelva a ser la primera escuela”.

Cuentan que algunos estudiosos vienen invitando a nuestras comunidades indígenas a que dejen a un lado aquella teoría de los Canastos Tapados que por años los llevó a tener que guardar hasta en sus genes, esa historia de más de quinientos años de todo tipo de vejámenes que no solo tuvieron que padecer sus ancestros sino en los que ellos mismos siguen siendo afectados por lo que quieren promover aquella tesis que dice, que ha llegado el momento que el mundo empiece no solo a respetar sus costumbres y ritos sino sobre todo a aprender de toda la sapiencia de ellos.

Tristemente la historia ha desvirtuado a las tribus indígenas y a algunas étnicas que han sido masacradas por quienes se suponían más conocedores que ellos, todo por que dichos adelantos de quienes se suponen superiores les permitieron someter a quienes adicionalmente por su forma de ver la vida y por sus costumbres entienden la vida y la madre tierra como fundamento de cualquier forma de relacionarnos.

El Texto de Textos nos revela en Isaías 66:22, “porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí, dice el Creador, así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                    ¡nos trasformaremos!