Se ha venido demostrando con el paso del tiempo que las mismas afecciones que sentimos en nuestro cuerpo y que son aceptadas y reconocidas internacionalmente como enfermedades y por lo tanto tratadas con medicamentos, pueden afectar también nuestro ser mental. Incluso que algunas enfermedades mentales que apenas estamos reconociendo, alteran de igual o incluso de peor forma nuestro ser físico, con lo que los tratamientos deben de ser integrales. Y probablemente muy pronto entenderemos que nuestra vida espiritual por lógica, también afecta nuestro ser de forma general, lo que implica que debemos a diario ocuparnos no solo de lo desequilibrios y llamados de atención que al respecto se nos presenten, sino que también debemos buscar esa armonía tanto en nuestro ser interior como exterior convirtiendo esa búsqueda en un propósito de vida.

Una perla de Napoleón argumenta; “nos elevamos sobre aquellos que nos insultan, perdonándolos”.

Cuentan que en una cotidianidad el jefe de recursos humanos acepto la incapacidad de un empleado que simplemente se había lastimado un tobillo, pero no la de un buen funcionario que estaba muy deprimido, por lo que otro empleado que le ayudaba a este le dijo: – por qué es tan difícil aceptar que también hay enfermedades mentales que como la ansiedad se pueden comparar con dolores que atacan a un cuerpo con fiebre y que por lo tanto, esos llamados de atención de nuestro ser también deben ser atendidos y ameritan incluso altos laborales y de nuestras vidas para ser sanados.

Nos cuesta un poco atender que somos seres integrales, lo que en su todo quiere decir que contamos con un cuerpo físico, completamente interconectado con un ser mental que a su vez esta integrado a un ser espiritual que aunque no reconocemos requiere de nuestra diaria retroalimentación como lo necesita nuestro ser físico, así que lo que debemos intentar es mantener nuestro ser en conjunto, en toda su armonía.

El Texto de Textos nos revela en I Tesalonicenses 5:17, “Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad del Creador para con vosotros en Cristo Jesús”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!