Cuando se nos habla de Creación se nos esta invitando a comprender que todo lo que existe fue obra de un Ser Superior que de acuerdo a dichas creencias nos hizo a su imagen y semejanza para que degustáramos de todo lo creado. Sin embargo y aun creyendo en dicha visión, muchos creyentes prefieren vislumbrar tanto a esa creación como al mismo Creador desde un caos total que incluso domina nuestras relaciones. Valdría la pena entonces que desde lo individual comprendamos la importancia que tiene no solo el orar para sentirnos más cerca de dicho Creador sino a la vez el obrar acorde a los mandatos que difuminados en nuestras creencias hacen que alcancemos un nivel de convivencia en donde busquemos más que nuestros intereses egoístas, un bienestar general.

Una perla anónima nos dice: “mas que importar lo que hacemos, es básico saber cómo y para qué lo hacemos”.

Cuentan que en una cotidianidad Francois Fenelon, invito a los fieles a que oraran diciéndole al Creador todo lo que estaba en sus corazones, para ello les reiteraba que, tal como uno descarga sus alegrías y tristezas con un amigo querido, hay que contarle al Señor nuestros problemas para que nos consuele, nuestras alegrías para que nos equilibre, nuestros anhelos para que nos purifique, hay que hablarle hasta de nuestras tentaciones para que nos proteja de ellas, mostrándole además nuestras heridas del corazón para que nos sane. Y es que según él si derramamos todas nuestras necesidades, debilidades y problemas ante el Creador siempre tendremos su apoyo.

Y aunque se dice mucho al respecto de la mejor forma de orar, comparando dicho momentos con una especie de meditación profunda en donde nos sentimos parte de un Creador y de su obra, no podemos negar que con el solo hecho de pensar en ese Ser superior encontramos en dicho silencio algo que decir y que tiene que ver con sentirnos gratos y admirados por existir.

El Texto de Textos nos revela en Marcos 5:13, “y luego Jesús les dio permiso. Y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los cerdos, los cuales eran como dos mil; y el hato se precipitó en el mar por un despeñadero, y en el mar se ahogaron”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!