La felicidad se relaciona con un estado de satisfacción o plenitud en donde nos gozamos de la vida y lo que a través de cada circunstancia esta nos ofrece. Lo que de antemano nos debería invitar a alejarnos de todos esas expectativas que hacen que vivamos llenos de deseos y por lo tanto, insatisfechos. Ello también seguramente nos enseña que la felicidad esta más vinculada estrechamente a nuestras emociones y por lo tanto, se debe vislumbrar como el ánimo que alcanzamos cuando obtenemos algo que anhelábamos. Por ello valdría la pena que no dependiéramos tanto de esas búsquedas exteriores y nos permitiéramos disfrutar de la vida en todo momento y lugar sabiendo que esa tranquilidad que se entiende como analogía del concepto de felicidad se da por el solo hecho de agradecer el sabernos vivos.

Una perla de Martin Luther King nos dice que, “para tener enemigos no hace falta declararle la guerra a nadie, simplemente basta con decir lo que uno piensa”.

Cuentan que en una cotidianidad el jefe llegaba todos los días a su empresa presumiendo de ser un hombre feliz, sin embargo en sus actitudes cotidianas se denotaba que contrariamente, era más bien infeliz, así que cuando en medio de una crisis le recriminó a su esposa por lo que él consideraba estaba sucediéndole a la relación, ella replicó: – creo que quien es feliz, se le nota en cada acto de su vida y por ello, ese ser no se ocupa de criticar, no tiene tiempo para juzgar y menos para envidiar, quien es feliz no busca pelea, no traiciona, no molesta a otros, y se dedica incluso a tratar de hacer felices a los demás.

Y es que además de asumir esa buena actitud de suponernos felices, debemos consolidar una serie de hábitos y de pensamientos que nos entreguen esa tranquilidad, armonía, sanidad y esperanza que se reflejará a diario en nuestro ser y que implica algo más que una sonrisa, ya que la felicidad realmente es un estado del espíritu.

El Texto de Textos nos revela en I de Pedro 1:12, “a éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!