Desafortunadamente mucho es lo que se habla al respecto de la educación de nuestras nuevas generaciones, pero parece que poco es lo que de esas visiones y prospectivas se aplica en el día a día, es más, se sabe que los niños aprenden más con nuestro ejemplo que con nuestras predicas y sin embargo seguimos sobre todo a través de los medios de información, dándoles a estos chiquillos insumos para que se comporten contrariamente a lo que nosotros mismos esperamos, seguramente por ello, cuando ya estos niños y niñas son adolescentes y como lo dice el mismo termino, adolecen de esa formación virtuosa que suponíamos debieron tener en sus primeros días, ya ni con procesos coactivos podemos reorientar sus existencias.

Una perla de José Saramago expresa: “los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay”.

Cuentan que cuando la pareja de padres tuvieron su segundo hijo pasados ya tres años después de la llegada del primero, asistieron a un taller escuela de padres en el jardín infantil de este y allí recibieron toda una serie de sanas recomendaciones para la crianza de sus crías, por lo que una vez terminó este ellos casi en coro expresaron: – si desde el inicio de nuestras vidas nos insistieran y recordaran que en la infancia se define la salud mental de una persona, hacia su adultez, entonces seguramente todos trataríamos con más amor el proceso formativo de un niño incluso desde el mismo vientre.

Y aunque mucho se insiste en esto, parece que la mayoría de adultos y cuidadores lo olvidáramos al punto que al revisar nuestras instituciones educativas y comunidades observamos cómo seguimos maltratando y hasta malcriando a estas nuevas generaciones para intentar con algo de represión más adelante, corregir lo que con una buena educación podríamos a ver concretado y evitado desde esos primeros días.

El Texto de Textos nos revela en Mateo 5:28, “Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                    COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!