El listado de la comida chatarra que se comercializa en los mercados mundiales es más alto de lo que nos imaginamos y lo triste del caso, es que tanto los productores de dichos insumos como los consumidores somos más que conscientes no solo del contenido de estos, sino también de los daños que nos van generando dichos enlatados con el paso de los días. Y lo que más llama la atención es que predomina el mercadeo incluso para las autoridades de salud que no hacen nada para ello, por el contrario dichas entidades que deberían velar para que esto no sucediera simplemente solicitan que en las confusas etiquetas de los productos se coloque con letra más que minúscula los insumos con que estos se preparan. Lo más extraño del asunto es que pasado el tiempo y cuando las enfermedades atacan a más y más habitantes los gobiernos se quejan que sus sistemas de salud y pensionales no dan abasto, aún sabiendo que la solución es más preventiva que reactiva.

Una perla anónima advierte: “di la verdad aunque sea amarga, di la verdad aun contra ti mismo”.

Cuentan que cuando le preguntaron al nutricionista al respecto de por qué le llamaba comida chatarra a algunos productos, este dijo: – porque en nuestro ser esta comida solo nos produce daños como pasa por ejemplo con las gaseosas, que aumentan incluso la posibilidad de sentirnos deprimidos provocando con el exceso de glucosa e insulina otros efectos altamente complejos. O los alimentos con almidón que por su alto consumo combinado con endulzantes artificiales como el aspartame frena la producción de serotonina que es vital para la armonía de nuestro ser.

Y que hablar de otros productos que consumimos que como el alcohol, va deteriorando nuestro hígado y las funciones vitales que este tiene a su cargo, por lo cual deberíamos revisar muy bien cómo nos estamos alimentando, ya que no se trata de comer, como sí de darle a nuestro cuerpo todos los insumos que necesitamos para mantenernos sanos.

El Texto de Textos nos revela en I de Pedro 3:17, “porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad del Creador así lo quiere, que haciendo el mal”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                    COTIDIANIDADES…                                                                                         ¡nos trasformaremos!