Se dice que la humildad es uno de esos valores de los que mas carecemos en nuestros días, al punto que regularmente quienes por una u otra razón logran ascender a algunos espacios en donde se sienten más que privilegiados, se llenan es de orgullo y prepotencia. Bajo dicha mirada debemos asumir la humildad desde una visión general, comprendiendo no solo que todos somos iguales sino que algunos de los dones que consideramos como dados por el mismo Creador o fruto de nuestra fortuna, son simplemente insinuaciones de la misma Creación para que entendamos que por esos dones estamos mas obligados a servir y a colocar estos para el bienestar de todos buscando que sean útiles cada vez a más personas, lo que quiere decir que con esos tenemos mayores responsabilidades para con los demás y lógicamente para con nosotros mismos.

Una perla de Lao Tze nos dice: “tengo solo tres cosas que enseñar, simplicidad, paciencia y compasión”.

Cuentan que en una ocasión un chiquillo escribió a los diferentes equipos de su comarca para preguntarles a sus directivos y jugadores el por qué consideraban ellos que él se debería convertir en un fanático de ese club deportivo y aunque aspiraba que aunque sea algunos de esos equipos le contestara, solo recibió la respuesta de uno, el cual era además el más pequeño y modesto de todos, sin embargo ello motivo tanto al chico que no solo se convirtió en uno de sus principales hinchas y fanáticos sino que a medida que creció este, tanto en lo físico, mental como en lo económico se convirtió en uno de sus principales aportantes.

Desafortunadamente algunos de estos clubes deportivos y sus estrellas se olvidan que se deben a esos aficionados, los cuales además de pagar por verlos son los que les convierten en tales celebridades, por lo tanto, deberían no solo ocuparse más de ellos, sino además el ser mucho más humildes con respecto al trato que le deberían dar a estos fanáticos.

El Texto de Textos nos revela en Salmo 86:1, “Inclina, oh Creador, tu oído, y escúchame, porque estoy afligido y menesteroso. Guarda mi alma, porque soy piadoso; salva tú, oh Creador mío, a tu siervo que en ti confía”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                    COTIDIANIDADES…                                                                                         ¡nos trasformaremos!