Se asegura que nuestra percepción no puede entenderse solo como un proceso a través del cual asimilamos los estímulos que se presentan en nuestro ser exterior, sino que también debemos interpretarlo desde la forma cómo reaccionamos ante ellos, asumiendo que cada ser tiene una serie de respuestas distintas incluso ante los mismos estímulos. Lo que hace que  nuestros comportamientos con respecto a entornos similares puedan ser incluso opuestos teniendo para ello que generar mecanismos de convivencia que nos permitan interactuar armónicamente. Bajo esa mirada estos estímulos representados a través de imaginarios generan en nosotros sensaciones, las cuales aunque duran únicamente fracciones de segundos para ser asimiladas, se convierten en nuestro cerebro más que en percepciones, en una realidad, debido a que se involucran posteriormente con procesos cognitivos que nos otorgan significados para lo que suponemos haber percibido.

Una perla anónima expresa: “la risa es como los limpia brisas, nos permite avanzar, aunque no podamos detener la lluvia”.

Cuentan que en una cotidianidad la docente de física quiso explicarle a sus educandos lo que significaba el concepto de velocidad de la luz, llevándolos a reflexionar a través de una analogía en donde debían comparar sus movimientos rutinarios con los de un caracol, por lo que una vez escuchó las diferentes visiones de estos adolescentes les dijo: – no pierdan de vista que la frecuencia con que percibe un caracol debido a su velocidad, ello debido a que su movilidad no le permite percibir nuestros más lentos pasos, perspectiva que nos denota que nosotros no logramos percibir movimientos que se hagan a la velocidad de la luz.

Y aunque es un tema un poco complicado de comprender, lo importante para esta reflexión es tener en cuenta que nuestra capacidad perceptiva es limitada, lo que quiere decir que muchas de las cosas que ocurren a nuestro alrededor no solo no las captamos y menos las logramos conceptualizar aunque estas influencien directamente nuestras coexistencias.

El Texto de Textos nos revela en I de Pedro 2:23, “quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                    COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!