Hay quienes nos invitan a comprender que el egoísmo se da en diferentes niveles de nuestras vidas pero que empieza con pequeñas muestras, de esas que nos llevan a suponer que las cosas deben ser mías y de nadie más. Y que además los demás deben casi coexistir para nosotros y servirnos. Todo ello debido a que nuestros padres y cuidadores exageran en su sobreprotección y mal llamado amor dándonos incluso de lo que no pedimos y necesitamos y, haciéndonos creer que somos el centro del universo. Desde esa mirada se hace necesario revisar todo un modelo mental, económico y social que nos ha llevado a adueñarnos y por ende apegarnos de lo que no existe obviando que la vida no tiene precio sino que necesita simplemente de nuestro aprecio.

Una perla de Deepak Chopra dice, “la vida que conoces es una delgada capa de acontecimientos que cubre una realidad más profunda”.

Cuentan que en una cotidianidad el presumido niño llegó a casa de su abuela a contarle que era el único que había ganado el examen y que incluso no le había querido explicar a su mejor amigo el tema para que este no hubiera con dichos conceptos logrado tal reconocimiento por parte de su profesora. Así que la abuelo le abrazó con cariño y le dijo: – creo que debes aprender a partir de hoy que si una persona quiere aprender y te pregunta algo, enséñaselo, en lugar de hacerla sentir menos, recuerda que hace tiempo tú tampoco sabias al respecto.

Los seres humanos hemos sido adoctrinados para competir en vez de compartir, pero ha llegado el momento de comprender que ello es una equivocación y que por el contrario, una vez adquirimos un conocimiento estamos obligados a enseñárselo a otras personas y a la vez, a aprender de los saberes de esas personas o hasta de sus ignorancias, ya que gracias a todo ello seguimos nuestro proceso individual y colectivo de crecimiento.

El Texto de Textos nos revela en Efesios 4:28, “el que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                     COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!