Es bien sabido que ese pequeño órgano de nuestro cuerpo que denominamos hipotálamo es en donde se fabrican nuestras respuestas emocionales, por lo que estas y otras glándulas convierten de alguna forma a nuestro cerebro, en una especie de gran farmacia para la salud de nuestro ser. Ello debido a que allí se fabrican unas partículas llamadas péptidos, que contienen pequeñas secuencias de aminoácidos las cuales se combinan para crear las neurohormonas o neuropéptidos. Y todas ellas son las responsables de las emociones que sentimos diariamente, lo que quiere decir que producimos unos efectos químicos con nuestras emociones sean de, rabia, felicidad, sufrimiento o envidia, por solo hablar de algunas, ya que en el momento que sentimos una determinada emoción, el hipotálamo descarga esos péptidos, liberándolos a través de la glándula pituitaria hasta la sangre, que conecta con las células que tienen esos receptores en el exterior.

Una perla de Pascal nos conmina: “dos extremos: excluir la razón y no admitir más que la razón”.

Cuentan que en nuestras cotidianidades deberíamos tener en cuenta que nuestro cerebro actúa como una especie de tormenta eléctrica que hace descarga gracias a nuestros diarios pensamientos a través de la fisura sináptica, que se conecta con nuestras neuronas, las que a su vez contienen células que tienen miles de receptores rodeando su superficie y que se abren con cada experiencia emocional, por lo cual cada célula se convierte en un pequeño hogar de conciencia que al recibir la descarga de bioquímicos puede llegar incluso a modificar su núcleo, lo que quiere decir que con nuestras emociones de: ira, angustia, alegría, envidia, generosidad, pesimismo, optimismo, vamos creando hábitos de pensamiento.

Lo que se traduce en que cada mala experiencia nos lleva a relacionar ese pensamiento- objeto con una emoción y reforzar esa conexión, naciendo así nuestras muchas fobias o miedos. Y aunque son teorías cada vez mejor sustentadas, se trata que entendamos que debemos retroalimentar nuestros seres con todo tipo de pensamientos, palabras, emociones, sensaciones y acciones que enriquezcan nuestras existencias, propendiendo por un bienestar plagado de fraternidad y servicio.

El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 30:19, “a los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                    COTIDIANIDADES…                                                                                         ¡nos trasformaremos!