En medio de una sociedad en donde priman los aspectos mercantiles y de publicidad y en la que buena parte de sus distractores están visionados bajo dichos criterios comerciales, esos que no tienen en cuenta principios y valores intrínsecos en ocasiones, sino que se basan en conceptos extrínsecos de despertar adicciones y con ello nuestra competitividad, parece que hasta los juegos más elementales de nuestros niños y niñas están decolorados por ese tipo de visiones, en donde se promueve la guerra, el placer, el sexo y la muerte de forma subliminal. Lo que nos debe invitar a tener muy en cuenta, la forma como queremos seguirnos distrayendo y el enfoque que ese tipo de aficiones le están dando a nuestras cotidianidades.

Una perla anónima nos invita a que “nunca perdamos el tiempo lamentando errores, basta con que no los volvamos a repetir”.

Cuentan que cuando le preguntaron a la madre el por qué prefería hacerle a su hijo juguetes artesanales elaborados por ella y con elementos de reciclaje que ella además reutilizaba, esta comentó: – la mayoría de juguetes que se importan y que nos parecen muy de moda y atractivos, tienen un alto contenido de plomo, no solo en su fabricación sino en la pintura que se utiliza para darles su terminado, incluso estos en sus imanes, tienen elementos nocivos y además aunque parecen inofensivos son altamente peligrosos entre otras cosas por los personajes que representan.

Y aunque con esta reflexión no estamos descalificando todos los juguetes, si estamos invitando a que tengamos en cuenta los tipos de distractores que le creamos a nuestros hijos así como los insumos con los que promovemos las diversiones de sus vidas, por lo tanto, no solo debemos atender su fabricación sino también lo que representan.

El Texto de Textos nos revela en Romanos 14:11, “vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará al Creador”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                    COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!