Durante el trascurso de nuestras vidas nos cuestionamos en algunas ocasiones al respecto de por qué nacimos en esta familia y no en otra y, hasta renegamos de ese arbol genealógico, más lo curioso es que con el paso de los años hasta llegamos a culparles a nuestros padres, por algunos de nuestros miedos, tropiezos y hasta la no realización de ciertas expectativas futuras. Y aunque nos cuesta un poco encontrarle ciertas virtudes a algunos de esos ancestros, el reto diario que nos debemos colocar, es el de agradecerles por el solo hecho de posibilitarnos el estar aquí y ahora: vivos. Lo que se debe denotar en enriquecer tanto su memoria como la nuestra, trasformando así algunos de nuestros nuevos comportamientos y valorando ademas nuestras coexistencias y las relaciones que a través de ellas se nos ofrecen.

Una perla de Horacio nos reitera que, “cada día es una pequeña vida”.

Cuentan que cuando el terapeuta le solicitó a su paciente, que evacuara todos esos desechos vestidos de recuerdos que tenia, este, nunca se imaginó que podria sacar de su ser incluso aquellos instantes inconcientes que suponia no estaban en su mente, algunos como su propio nacimiento y los días posteriores que le llevaron al cuarto año de su existencia, a vivir una experiencia que dentro de esos recuerdos consideraba la más triste y catastrofica y que le venia haciendo daño para la toma de nuevas decisiones. Por lo que una vez terminaron, este le agradecio por enseñarle a ver el verdadero valor de la vida; esa que aún sin valorarla y cultivarla como es debido, seguía proliferando.

Seguir perpetuandonos en las quejas con las que bordaron otros nuestros propositos de vida, es simplemente autoflagerlarnos, cuando tenemos la posibilidad de hacer borron y cuenta nueva. Si nuestros padres prefirieron darse martillasos y golpes inconcientes para recriminarse por estar vivos, nosotros estamos en la obligación de aplaudir, abrazar y cantar a todo pulmon, ya que la vida sí vale la pena.

El Texto de Textos nos revela en Nahum 1:3, “El Señor es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                      COTIDIANIDADES…                                                                                         ¡nos trasformaremos!