Estamos inmersos en sociedades en donde regularmente se cree que se vale, por lo que se tiene, lo que nos lleva a suponer que en dichos escenarios debemos presumir para poder ser aceptados y hasta apreciados. Pero ello es un error, que solo nos lleva a vivir en la subjetividad de las tenencias. Lo objetivo por lo tanto es valorar nuestras inter relaciones y lograr con ellas empatía. Hay que reconocer que somos próximos o sea personas que se necesitan las unas con las otras, por lo tanto, antes de presumir estamos llamados a agradarnos y apoyarnos con nuestros dones y fortalezas. No podemos negar que ese tipo de pensamiento nos ha llevado a la negatividad, a fortalecer emociones y visiones improductivas que como la envidia, solo nos aíslan, por lo que no existen razones de peso para seguir promoviendo algo que solamente nos esta denotando que hemos vivido equivocados, así que es tiempo de acercarnos.

Una perla de Aristóteles nos comenta: “somos lo que hacemos de forma repetida. La excelencia, entonces, no es un acto, sino un hábito”.

Cuentan que cuando el presumido adolescente llegó a la nueva escuela, la directora le llevó a su oficina y allí le dijo: – en este colegio te enseñaremos muchas cosas, pero lo que más aspiramos es convertirte cada día en un mejor ser humano, de esos que son capaces de restaurar recuerdos descoloridos para llenar de mejores imágenes la vida de aquellas personas que comparten sus mismos entornos, sí, de esos seres especiales que son capaces de darle a la vida de los demás sus mejores y más bellas tonalidades en la búsqueda de hacerles felices.

Y es que aunque no podemos negar que el ser humano compite, tampoco podemos dejarnos guiar por esa visión y quedarnos en ella, por el contrario, la búsqueda, es la de ser competentes como personas y ciudadanos, lo que quiere decir que debemos participar de logros propio y ajenos, aunque estos nos parezcan pequeños, llenándonos de mutuo regocijo con estos.

El Texto de Textos nos revela en I de Pedro 4:7, “mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración. Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                     COTIDIANIDADES…                                                                                         ¡nos trasformaremos!