En algunas ocasiones aceptamos las interpretaciones que otros pueden tener al respecto de unos mismos hechos, sin embargo en otros momentos nos obstinamos en imponer nuestros criterios al respecto de algo e incluso de esperar que los demás acepten nuestras ideas sin ningún tipo de contra argumentación, cual si fueran verdades reveladas. Pero lo que deberíamos asimilar es que cada cabeza es un mundo y por lo tanto, cada persona tiene en su mente una realidad, que aún siendo conjunta, es individual de ese ser y bajo esa orientación moldea su vida y sus relaciones. Lo que quiere decir que crecemos no solo cuando asimilamos las posturas de esos próximos, sino cuando somos capaces con esas realidades y con nuestros argumentos de construir nuevas posibilidades.

Una perla de Henry Ford nos dice, “no hay hombre vivo que no pueda hacer más de lo que el piensa que puede hacer”.

Cuentan que cuando un estudiante de filosofía quiso meterse en un debate que estaban haciendo dos de sus compañeros más versados, terminó descubriendo que para ellos como completamente escépticos que eran, todo no era mas que información, pese incluso a ellos reconocer que es casi lógico que cada quien tenga su portura contraria. Más con todo y ello no llegaron a mayores conclusiones, ya que ambas partes de acuerdo a sus criterios podían ser verdaderas, así que desde dicho nuevo conocimiento y momento de reflexión para él, descubrió que no es nada fácil o casi imposible dogmatizar.

Estamos presos en nuestro propio lenguaje a través del cual se generan conocimientos, sin embargo ese mismo lenguaje sobre los miles de desconocimientos que tenemos reproduce especulaciones, algunas de las cuales poco o nada aportan a nuestro crecimiento intelectual y por el contrario, generan verdaderos debates en donde antes que alcanzar puntos de encuentro con dichos argumentos, se vislumbra una especie de abismo que debido a dichas posturas radicales cierra nuestra capacidad de aprendizaje.

El Texto de Textos nos revela en Filipenses 4:6, “por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante del Creador en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz del Señor, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                                             COTIDIANIDADES…                                                                                         ¡nos trasformaremos!