Y aunque nos parezca que no estamos siguiendo los mismos destinos de nuestros abuelos, debido a que son contextos, situaciones y hasta lugares diferentes, regularmente vayamos donde vayamos o estemos donde estemos, reproducimos los pensamientos que nos entregaron esos ancestros a través de nuestro lenguaje y en ocasiones, no solo padecemos de sus mismas enfermedades, producto de sus descuidos sino que hasta seguimos el mismo modelo de vida, lo que hace que debamos reflexionar muy a fondo en esos legados y en lo que estos ancestros programaron en nuestros seres, si es que queremos vivenciar nuevas y hasta mejores realidades que las de ellos.

Una perla anónima nos dice, “la peor decisión es la indecisión”.

Cuentan que cuando el docente observó cómo sus educandos no le prestaban la más mínima atención en clase e incluso, ni siquiera entre ellos se escuchaban, les dijo: – tengan en cuenta esta reflexión del Dalai Lama que nos recuerda que; cuando hablamos, solo repetimos lo que ya sabemos, pero cuando escuchamos quizás aprendamos algo totalmente nuevo”.

Nuestro lenguaje tiene de especial que hace parte de una programación que heredamos de nuestros ancestros, los cuales, no solo nos otorgaron ese idioma sino todas sus costumbres y realidades a través de nuestros hábitos, lo que quiere decir que la mayoría de cosas que pensamos, decimos y hacemos no son nuestras, sino que son un legado de esas generaciones anteriores.

El Texto de Textos nos revela en Proverbios 15:4, “la lengua que brinda consuelo es árbol de vida; la lengua insidiosa deprime el espíritu”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                 COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!