Y aunque el debate al respecto es bastante amplio y como regularmente lo expresamos, no serán estas líneas las que den una verdad absoluta al respecto, si es importante comprender que en ocasiones la vida nos hace advertencias que sin embargo no atendemos, pese a ser conscientes que algunos de esos comportamientos inadecuados nos generan efectos complejos no solo a nosotros sino a nuestras familias. Bajo esa mirada y sin negar que se dan una serie de circunstancias que reconocemos como adversas y que se hacen inexplicables desde nuestra lógica de sentirnos merecedores exclusivamente de cosas buenas, es importante advertir que más allá de aceptar o no ese destino, sí hay aprendizajes que si sabemos asimilar, por complicados que nos parezcan, nos denotaran que siempre podremos ver allí oportunidades de crecimiento.

Una perla de Goethe expresa: “vivir sin un ideal, es vivir a medias”.

Cuentan que en una cotidianidad, el rector, en la reunión de padres les dio a estos un buen ejemplo de lo que era la predestinación: – cuando el profesor nos advierte que un educando puede perder el año, este no es que sea profeta, sino que esta acompañando el proceso de crecimiento y por ende, tiene claro que ese alumno no esta rindiendo, por lo cual si esa familia y su hijo, no le atienden y prefieren además decir, que es el docente el que esta fallando y que hasta se la tiene al rojo a ese muchacho, entonces podemos comparar dichas advertencias con una especie de predestinación que nos esta llevando a decidir como familia, si elegimos cambiar y crecer o aceptamos esa voluntad exterior del docente y por lo tanto le seguimos echando la culpa de la perdida a él.

Y es que cuando no atendemos las advertencias que nos hace la misma vida y que algunas personas consideran una especie de predestinación, obviamos que la misma vida nos permite elegir a diario el camino a seguir, incluso frente a resultados adversos que no concuerdan con nuestras expectativas, por lo que si queremos que algo no nos suceda, lo mejor es atender las advertencias, cambiar, crecer y acogernos a esa misericordia del Creador que todo lo conoce, la cual esta más allá de nuestros conceptos de tiempo ya que Él es eterno.

El Texto de Textos nos revela en Juan 15:1, “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto”. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                         COTIDIANIDADES…                                                                                         ¡nos trasformaremos!