Estamos inmersos en comunidades en donde no se nos enseña a perder y menos a comprender que cada perdida puede ser una experiencia en la cual aprendemos algo nuevo y si corregimos gracias ello a lo asimilado, no solo crecemos sino que en el próximo intento superaremos la prueba. Por el contrario el sistema competitivo hace que algunas personas ante dicha perdida no vuelvan siquiera a intentarlo, se depriman, se auto critiquen y como si fuera poco se dediquen a decirle a otros que no lo intenten ya que es imposible lograrlo. Y aunque hay situaciones en que nos obsesionamos por algo que no es viable, de lo que se trata siempre es de no desfallecer e intentarlo cuantas veces sea necesario, en la búsqueda de cambiar aquello que debemos trasformar y luego si aceptar lo que consideramos debemos asimilar.

Una perla de Confucio nos dice: “el sabio comienza por hacer lo que quiere enseñar y después enseña”.

Cuentan que cuando la madre leyó una nota en la que el docente descalificaba a su hijo por reprobar el mismo examen dos veces, fue al colegio, espero que este se desocupara y allí con mucho respecto y fraternidad le dijo: – profesor, no se si conoce usted la historia de Winston Churchill quien fue inadmitido varias veces por no lograr aprobar el examen de ingreso al ejercito de Inglaterra, sin embargo fue él quien con sus estrategias militares logró que Hitler no alcanzara sus ideales de derrocar al mundo occidental. Así que lo invito a dejar de descalificar y más bien proponerse el cualificar.

Tristemente nuestro sistema educativo promueve la competitividad, la memorización de conceptos sin sentido y la descalificación que a su vez conduce a que algunas personas se sientan mejores que otras sin darnos cuenta que existen son habilidades diferentes y en algunos casos personas que producto de ese modelo no lograr reconocer sus dones y fortalezas.

El Texto de Textos nos revela en II de Corintios 2:2, “porque si yo os contristo, ¿quién será luego el que me alegre, sino aquel a quien yo contristé? Y esto mismo os escribí, para que cuando llegue no tenga tristeza de parte de aquellos de quienes me debiera gozar; confiando en vosotros todos que mi gozo es el de todos vosotros”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                   COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!