Más allá de las diferentes definiciones que existen al respecto de la palabra pecado e incluso de las muchas divisiones que genera este termino especialmente cuando se mira desde la óptica de algunas religiones, es de suma importancia intentar un acuerdo semántico en donde el concepto se homologue a una separación, esa que se denota muy bien en ese individualismo egocéntrico y competitivo que nos sofoca socialmente y que deberíamos menguar para poder integrarnos a esa Creación de la cual hacemos parte integral, aunque nos percibimos aparte. Así las cosas el pecado que nos separa incluso de nuestra propia conciencia no es un mal, como sí un llamado de atención para cambiar, para crecer y lograr el nivel para el cual estamos hechos como hijos del Creador.

Una perla anónima nos expresa que, “lo relevante en la mentira no es nunca su contenido, sino la intencionalidad del que miente”.

Cuentan que en una cotidianidad al predicador le criticaron unos miembros de su misma familia por aceptar en su grupo de oración a una serie de personas que por sus diferencias de género e incluso gustar del consumo de alucinógenos, esos familiares consideraban no eran dignos de asistir al mismo sitio en que ellos que se sentían puros y más que próximos a su Creador, por lo cual el predicador luego de escucharles con atención les dijo: – este templo que actualmente lidero es para mi un hospital para pecadores y no un museo para santos.

Bella visión que nos debe invitar a reflexionar en que en el fondo todos somos pecadores y más allá de valorar si unos lo son más o menos que nosotros, estamos llamados como hermandad a guiarnos en pro de lograr una vida en armonía en donde nuestros credos y posturas nos incentiven a todos a ser más que santos, salvos.

El Texto de Textos nos revela en I Tesalonicenses 2:2, “porque nuestra exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño, sino que según fuimos aprobados por el Creador para que se nos confiase el evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino al Creador, que prueba nuestros corazones”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                     COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!