Hay etapas en nuestras vidas en donde nos llenamos de decepciones y depresiones especialmente porque hemos esperado que ocurran una serie de situaciones, las cuales como no acontecen se convierten en la excusa para decepcionarnos. Pero lo cierto es que debemos entender que una cosa son las expectativas y otra muy diferente nuestras realidades, lo que no quiere decir que estas, en su día a día no sean dignas de ser vividas y degustadas. Por el contrario, se debe aprender a disfrutar nuestras cotidianidades y dejar tantas expectativas e ilusiones a un lado, entendiendo que podemos valorar lo que somos, tenemos, hacemos y las personas con las cuales aquí y ahora estamos conviviendo, ya que todo ello es una verdadera bendición que nos da la misma Creación.

Una perla anónima nos dice: ”tu peor enemigo siempre será tu mente porque ella conoce todas tus debilidades”.

Cuentan que cuando le preguntaron a la abuela su secreto para mantenerse tan saludable, feliz y activa, ella recomendó que lo importante siempre será vivir el momento, ya que la vida le había enseñado a ella, que hay quienes viven a punto de empezar a disfrutar sus vidas y a vivir intensamente, pero no lo logran y ni siquiera lo intentan y por el contrario, se quedan esperando que lleguen esos instantes anhelados o las oportunidades esperadas y por eso no viven en el aquí y ahora, hasta que se dan cuenta que esos instantes anhelados se construyen en ese día a día.

Tenemos una extraña tendencia de dejar para mañana lo que podemos hacer hoy y bajo esa perspectiva queremos esperar un día especial, en vez de buscar que cada instante tenga ese toque de exclusividad, ya que es único. Ello además nos lleva a comprender que todo contiene una oportunidad que nos brinda la misma Creación para darnos cuenta que vivenciamos un eterno presente continuo.

El Texto de Textos nos revela en Romanos 12:3, “digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que el Creador repartió a cada uno”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                    COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!