Durante los procesos educativos conductistas parece que lo importante no es que asumamos la vida desde un concepto de deguste sino que por el contrario que coexistamos bajo criterios de amargura y ello se deduce al ver como metidos en jaulas que reconocemos como aulas a nuestros niños se les priva de juegos y risas para que se comporten de una forma anti natural a ellos, enfatizando más en la competitividad en vez de hacer a esos chiquillos más competentes. El premiar a los ganadores y castigar a los perdedores, poco les enseña a ser mejores seres humanos y a vivir en comunidad, de allí la importancia de replantear estas visiones educativas y entender que por el contrario los adultos deberíamos jugar más y divertirnos más con nuestros próximos.

Una perla de Cicerón argumenta: “la misma naturaleza nos enseña que la amistad debe ser auxiliadora de virtudes, más no compañera de vicios”.

Cuentan que cuando la directora de la escuela observó como algunos padres trataban a sus hijos intentando que estos se comportaran como adultos y que incluso algunos docentes se quejaban de la hiperactividad de estos chiquillos y de las dificultades de crianza que se denotaban en las nuevas generaciones, los reunió y les dijo: – con todo respeto considero que están equivocados, ya que a mi juicio no existe niño difícil, más bien lo difícil es ser niño en este mundo en donde la gente vive cansada, ocupada, sin paciencia, con prisa y esperando que nuestros niños se comporten como adultos, cuando esos mismos adultos a veces se comportan peor que los niños dándoles muy mal ejemplo.

Desafortunadamente en nuestros sistemas educativos parece que olvidáramos lo que son los niños y por el contrario los queremos comparar con adultos y aunque se trata de un proceso de formación en donde es indispensable el juego y el compartir, lo más importante es que esos niños y niñas no pierdan el disfrute de sus días y mas bien los adultos aprendan más de dichas criaturas.

El Texto de Textos nos revela en Hechos 11:9, “entonces la voz me respondió del cielo por segunda vez: Lo que el Creador limpió, no lo llames tú común”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                          COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!