En algunas ocasiones dejamos cosas de suma importancia para después, suponiendo de una forma incluso prepotente que tendremos esos nuevos instantes de vida, obviando que en cualquier momento podemos fallecer y por lo tanto, si en este aquí y en este ahora contamos con la posibilidad de realizar alguna acción estamos entonces llamados a ejecutarla ya que como lo hemos venido reflexionando es probable que no tengamos nuevamente dicha oportunidad. Pero más allá de una perspectiva fatalista que se podría advertir en estas líneas lo importante es valorar cada instante que se nos otorga como lo que es: un presente, sí todo un regalo para que a través de él ejecutemos las cosas que estamos llamados a realizar en ese instante sin desaprovechar todo lo que allí se nos esta otorgando.

Una perla anónima nos expresa: “el mundo es como tú eres, si tú eres complicado, es complicado, si tú eres simple, todo es simple”.

 

Cuentan que en una cotidianidad la mujer le reclamó a su esposo por estar dejando todo para más tarde y por lo tanto le recordó: – después te llamó, lo hago, lo digo, son maneras que usas a diario para evadir lo que tienes que caer, dejas todo para después como si esa fuera la mejor opción, olvidando que en ese después, el café se enfría, que en ese después la prioridad cambia, que en ese después el encanto se pierde, que en ese después el temprano se convierte en tarde y que por ese después los hijos están creciendo y te estás perdiendo de sus mejores años y etapas.

Es importante aceptar y asumir con coherencia aquella frase de la pedagogía popular que argumenta que no debemos dejar para mañana lo que podemos hacer hoy comprendiendo que todo pasa incluso las añoranzas y que vamos envejeciendo sin darnos cuenta y por lo tanto la vida se nos acaba.

El Texto de Textos nos revela en Juan 4:35, “he aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega. Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega. Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega. Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                      COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!