Se dice que el concepto de problema nos invita a encontrar una pronta solución, la cual regularmente queremos ajustar a nuestras expectativas, por lo tanto cuando ello no coincide nos deprimimos más de lo necesario, quizá por eso es bueno el encontrar una serie de opciones distintas que nos permitan darle una nueva perspectiva a aquellas vicisitudes que siendo naturales y hasta necesarias, nos deben permitir fortalecer nuestro ser y gracias a ese crecimiento poder enfrentar nuevas pruebas con una mayor determinación y hasta tranquilidad. Se trata de alguna manera de maquillar o disfrazar aquellas circunstancias que antes calificábamos como adversas o producto de la mala suerte y ahora verlas como escenarios en donde estamos aprendiendo incluso a valorar más la vida.

Una perla anónima nos dice que, “el rival más difícil de superar esta en nuestra propia cabeza”.

Cuentan que cuando la madre cada mañana intentaba pintarle a su hijo enfermo terminal, el día a día como algo maravilloso, decorándole incluso su habitación con diferentes tipos de figuras, el padre un día cansado le llamó la atención diciéndole que definitivamente el moriría con o sin esas fantasías, a lo que esta le contestó: – a menudo es preferible una falsa alegría que una tristeza cuya causa es verdadera.

Y es que aunque hay situaciones verdaderamente complejas, también es cierto que hay personas que se encargan de hacerlas mucho más difíciles, por lo que quizá lo más sano no es esconder la realidad de lo que nos esta pasando pero si enfrentarla de tal manera que aquella situación se coloree de una forma que se haga más llevadera.

El Texto de Textos nos revela en el Salmo 3:5, “yo me acosté y dormí, y desperté, porque el Creador me sustentaba”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                    COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!