Mucho se nos dice al respecto de consumir por lo menos tres veces al día porciones de frutas y de verduras pero poco entendemos que ello también depende de la cantidad de calorías que consumamos e incluso del azúcar que como tal requiera nuestro cuerpo. Y es que aunque hay recomendaciones generales que vale la pena seguir también hay situaciones muy especificas que debemos tener en cuenta a la hora de nutrirnos ya que no todos los organismos cuentan con la misma genética o requieren las mismas necesidades. Lo importante de caso es conocernos, reconocernos y gracias a esos saberes personales poder determinar qué cosas necesitamos más y en qué cantidades y desde dicha perspectiva más que alimentarnos, nutrirnos y por ende vivir armónica y sanamente.

Una perla de Marie Curie: “en la vida no hay nada que temer, sólo hay que entender”.  

Cuentan que cuando le preguntaron al vendedor de frutas de dónde sacaba tan buenos concejos para sus clientes lo cual no solo incrementaba sus ingresos sino los buenos deseos de todos sus compradores, este expresó que en alguna ocasión el mismo tuvo que visitar un gastroenterólogo el cual le dejo claro que no había nada mejor que consumir frutas y verduras y que estas se debían consumir con el estomago vacío para que ellas mismas cumplieran con su labor incluso de desintoxicar nuestros sistemas, proveyéndonos de más energía. Además según el experto: ese consumo de frutas, ayuda a la pérdida de peso y a tener más motivación a la hora de realizar otras actividades en nuestras vidas cotidianas.

Y es que si entendiéramos la importancia de nutrirnos correctamente teniendo para ello en cuenta no solo nuestras necesidades sino también nuestro desgaste calórico seguramente asumiríamos el retro de retroalimentarnos de todo lo mejor de la Creación, llevando a nuestro ser solo aquello que le sea útil y desechando a la vez todo lo que le pudiera perjudicar.

El Texto de Textos nos revela en Juan 3:19, “y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                   COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!