Es natural equivocarnos pero debe llegar un momento en donde reconocemos que hemos errado y por lo tanto asumir el reto voluntario de corregir esa situación y si es el caso enmendarla con las personas con las que hayamos afectado sus rutinas con dichos inconvenientes. Sin embargo parece que la historia de algunas sociedades ha sido la de seguirse reiterando en una serie de equivocaciones que aún sabiendo no están bien, continúan con esos hábitos, lo que nos ha llevado a seguir consumiendo comida chatarra pero a reconocer que genera no solo problemas de obesidad sino muertes producto de dicha malnutrición. Se trata entonces de hacer un alto individual en todas aquellas situaciones que sabiendo no están bien especialmente para nuestra salud deben de cambiarse así el mundo entero las siga realizando.

Una perla anónima nos expresa: “nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento”. 

Cuentan que en una cotidianidad la mujer se acercó a la iglesia a decirle al padre que la hora que tenia la torre del reloj no estaba ajustada a la real, a lo que este respondió que era imposible ya que ajustaba a diario la hora con la que decía la emisora, así que cuando fueron a preguntarle al locutor de la radio con que tiempo ajustaba su reloj, se llevaron la sorpresa que este dijo que lo hacia a diario con la hora del reloj de la torre de la iglesia, lo que demostró que ambos estaban equivocados al suponer que el otro tenia la hora precisa y exacta.

En ocasiones guiados por quienes suponemos tienen la razón nos dejamos alimentar de mentiras y engaños, algunos incluso de buena fe, lo cual hace que nos reiteremos en errores, razón de peso para comprender que seguimos aun reproduciendo muchos de los engaños históricos que se han cometido y que sospechando son errados no nos atrevemos a trasformar.

El Texto de Textos nos revela en I de Juan 1:6, “si decimos que tenemos comunión con Él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad.”

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                    COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!