La lista de adicciones cada día se hace mas amplia especialmente cuando comprendemos que algunas aficiones que simplemente sirven para ayudarnos a distraernos de las rutinas cotidianas se van convirtiendo en una fuerza que roba nuestra voluntad y nos hace apegarnos a todo lo que implica aquello que en algún momento solo fue una distensión. Es el mismo caso de la ludopatía y otras ya consideradas enfermedades mentales que simplemente nos invitan a ingresar a un casino para disfrutar de un rato de juego y distracción que poco a poco no solo se lleva nuestros recursos sino que con el tiempo convierte esos juegos en una necesidad más importante que la misma comida. De allí la importancia de reconocer a tiempo hasta que punto algo que nos aficiona, se vuelve una pasión inmanejable.

Una perla de Goethe nos recuerda que “el cobarde solo amenaza cuando esta a salvo”.

Cuentan que en una cotidianidad un comerciante convenció a una alondra que le vendiera sus plumas para comercializarlas con un diseñador de prendas exóticas, así que a Alondra le pareció un buen negocio ya que a cambio le daban algo de comida evitándole que tuviera que salir a conseguirla, más cuando la Alondra le sugirió a una de sus mejores amigas que porque no hacia lo mismo esta se aterrorizo y le expresó que ella tendría un amargo final, a lo que la alondra perezosa no atendió. Ella suponía que era una gran vida el cambiar algunas de sus inútiles plumas por ricos platos algunos plagados de lombrices y se demoró mucho en comprender que dicho canje constante solo le acarrearía que al final ya no pudiera volar e incluso fuera vendida para comida exótica por aquel a quien por muchos días le dio casi de comer gracias al canje de sus plumas.

Tristemente en ocasiones nos dejamos llevar por una serie de aficiones y distractores que simplemente nos van quitando nuestra propia voluntad y hasta deseos de vivir para al final cual adictos tener que subsistir con las migajas para complacer ese extraño deseo que aún haciéndonos daño no podemos siquiera controlar.

El Texto de Textos nos revela en Job 3: “aunque Él me mataré, en Él esperaré”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                    COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!