Se cree que lo que llamamos realidad no es más que el reflejo de lo que proyectamos a través de nuestros pensamientos los que a su vez hacen parte de un mundo de imaginarios que hemos consolidado gracias a la combinación de fonemas que reconocemos como nuestro lenguaje.  Lo que implica entender que esa suma de visiones programadas históricamente por nuestros ancestros y que en parte compartimos y que experimentamos gracias a que son retroalimentadas por nuestros sentidos no son el total de la realidad, sino una pequeña parte de la misma que nosotros consideramos como única pese a reconocer que existen miles de versiones al respecto de la misma historia, gracias a esas interpretaciones lingüísticas que por diversas circunstancias especialmente culturales y de costumbres incluso difieren.

Una perla anónima nos invita a que “si pensamos algo bueno de una persona se lo digamos, ya que no podemos imaginar el poder que tiene una palabra amable inesperada”.

Cuentan que cuando el abogado defensor expresó su caso con absoluta claridad al juez esperando que este fallara a su favor, se llevó la sorpresa que su contraparte solo generó dudas, desconfianzas y enredos con su versión de los hechos, sin embargo logro sus objetivos haciendo que el juez fallara conforme a su engañoso tejido, por lo que al abogado defensor no le quedo más remedio que dejarles un escrito tanto al juez como a las partes que decía: – aunque la verdad de los hechos resplandezca siempre se batirán los hombres en la trinchera sutil de las interpretaciones.

Y es que aunque nos cueste aceptarlo el derecho como la mayoría de cosas en este mundo depende de nuestras interpretaciones las cuales a su vez están sesgadas por nuestras múltiples realidades y todos los imaginarios lingüísticos que hacen que tengamos una amplia infinidad de versiones de un mismo hecho, lo que quiere decir que necesitamos de normas exactas e incluso rígidas que nos permitan un gran margen de interpretaciones.

El Texto de Textos nos revela en I de Corintios 1:18, “porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder del Creador”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                    COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!