Cuando suponemos que existe el bien y el mal y que solo el bien pertenece al universo del Creador y que por lo tanto el mal es su contra, no solo estamos limitando a este Ser Superior a nuestros imaginarios sino que a la vez estamos minimizando todo su poder y obra Creadora. Y aunque no es fácil explicar esa mirada bipolar que tienen nuestras creencias, si lo es la posibilidad de ampliar nuestras perspectivas y reconocer que lo que consideramos como malo, vacío o nada hace parte de un lenguaje exageradamente limitado que no puede explicar este tipo de cosas y que por lo tanto desde dichas ignorancias genera una serie de especulaciones que si bien sacian la búsqueda de algunas personas, ello es muy lejano de ser una explicación coherente. Bajo dicha mirada y desde tantas ausencias lingüísticas lo mejor es llenarnos de fe para aceptar las cosas que debemos aceptar e intentar trasformar aquellas que deben ser desde nuestro interior cambiadas.

Una perla anónima nos propone que “nuestros temores de futuro no nos hagan descuidar nuestros deberes del presente”.

Cuentan que cuando le cuestionaban al creyente monoteísta el por qué no aceptaba aunque fuese la existencia de otras fuerzas superiores que incluso podrían explicar una especie de reino celestial con multiplicidad de dioses, este replicó: – yo creo que hay solamente un Creador que llena todo, por lo que si hubieran otros, no cabrían ya que este lo llena todo y lo es todo.

En temas de creencias es difícil lograr acuerdos especialmente cuando históricamente hemos querido explicar con nuestro lenguaje finito lo infinito y con nuestros pensamientos limitados lo ilimitado, sin embargo si vale la pena empezar a entender a nuestro Creador desde una lógica mucho más amplia que la limitada y bipolar que históricamente le hemos dado en donde incluso consideramos con igual o más poder a otras fuerzas que aún suponiendo existen tuvieron que haber sido creadas y ajustadas por sus propias leyes.

El Texto de Textos nos revela en Juan 21:18, “de cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                    COTIDIANIDADES…                                                                                          ¡nos trasformaremos!