Hay una serie de antivalores que desafortunadamente parecen pulular en nuestras comunidades y que en la mayoría de los casos se nos contagian al punto de convertirse en malos hábitos. Y aunque también existen los principios y valores de los cuales podemos tomar para tener una vida en mayor armonía pareciera que es mucho más fácil el dejarnos infectar por esa serie de posturas que no solo agreden nuestras vidas y relaciones sino que a la vez se magnifican y prolongan al punto que terminan convirtiéndose incluso en guerras. Es entonces la paciencia una virtud que debemos cultivar especialmente cuando estamos metidos en conflictos, ya que esta nos enseñará que dichas situaciones al ser pruebas de fe, solo nos ayudarán a fortalecernos si así queremos y por lo tanto a crecer como seres humanos.

Una perla anónima nos comenta que, “un hombre que no se alimenta de sus sueños, envejece pronto”.

Cuentan que cuando la mujer llegó desesperada a donde habitaba el predicador, a altas horas de la noche, afirmándole que estaba cansada que sus oraciones no fueran contestadas y que por el contrario ella sentía que todo empeoraba, este luego de dejar que ella se desahogara le dijo: – si recuerdas en la época de tu escuela donde ese profesor muy querido te hacia un examen final al que tu casi odiabas, puedes entender que lo mismo sucede en nuestra vida espiritual en donde el maestro esta en silencio mientras el alumno se encuentra presentando su examen o prueba pero esta pendiente de volverle a dar la lección si es necesario.

Y es que aunque queremos resultados inmediatos especialmente cuando nos encontramos en dificultades, deberíamos comprender que las pruebas no se dieron de un momento a otro y que por el contrario algunos de estos conflictos los generamos por nuestros errados hábitos que se fueron sumando hasta que todo nos llevo a dicha crisis, lo que quiere decir que debemos darle tiempo que implica paciencia a la trasformación de dicha situación.

El Texto de Textos nos revela en el Salmo 32:8, “te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                      COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!