La más hermosa responsabilidad que nos entrega la Creación es la de ser padres y es tal este galardón que dicho acto nos proporciona el más grande placer que podamos experimentar siendo esa posibilidad de procrear todo un don que debemos no solo aprender a coordinar sino a asumir con nuestra mayor responsabilidad. Y es que la llegada de un hijo no solo implica el ser guías, proveedores, compañeros, amigos, cuidadores y en algunos casos sus confrontadores, sino también el crecer al lado de ellos, aprendiendo gracias a su amor de los verdaderos secretos de nuestra vida, lo que quiere decir que dentro de dicho proceso vamos generando el moldear incluso nuestras propias existencias y a complementarnos con nuestra pareja para que sea la familia nuestro verdadero y gran proyecto de vida.

Una perla anónima nos comenta: “se que cuando el libro de mi vida se cierre mis hijos serán el capitulo más bello”.

Cuentan que cuando el hijo se comporto mal con su madre, olvidándola y haciéndola a un lado sin contestarle ninguno de sus mensajes, pese a que ella le había dado todo lo mejor de si a este para que se formara hasta en otro país. Una vecina le dijo que no sufriera más por ese malagradecido a lo que ella le dijo: – por el contrario cada día debo orar más y más por él ya que aunque existen los ex amigos, ex amantes, ex esposos, ex novios y hasta ex empleados nunca existirán los ex hijos, ya que un hijo es para siempre y es nuestro deber eterno.

No siempre los hijos retribuyen a sus padres parte de los cuidados y amor que estos les entregan en su día a día, incluso hay momentos en donde esos hijos les recriminan por haberles traído al mundo y por sus enseñanzas, pero es allí en donde los padres no deben perder de vista que los hijos no pidieron llegar al mundo pero sus padres si eran conscientes de lo que hacían, lo que quiere decir que cada vez más estos padres deben asumir ese rol eterno de guías y acompañantes del proceso de sus hijos.

El Texto de Textos nos revela en I de Corintios 13:12, “ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                    COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!