Hay quienes suponen que nada nos debería dar felicidad porque dicho estado interior no debe depender de lo exterior y menos de resultados de terceros en donde depositamos lo mejor de nuestra vida esperando que ellos nos den lo que ya tenemos y es nuestra propia alegría, la cual depende exclusivamente de una actitud, de un estado interior en donde incluso lo exterior no nos afecta sino que por el contrario seamos nosotros los que irradiemos este fluir con nuestra luz. Así las cosas no podemos seguir esperando que algo nos de felicidad cuando estamos nosotros llamados a producir esa felicidad que esta en nuestra ser interior, no solo para nuestras vidas sino para las de los demás, desde esa lógica lo que nos dan ciertos objetos y algunas personas es comodidades y tranquilidad.

Una perla anónima asegura que “en ocasiones las personas que menos tienen son las que más dan”.

Cuentan que en una cotidianidad la preguntaron a la adinerada mujer qué era lo que más le daba felicidad. Y aunque el público esperaba que dijera que su hermosa mansión o su vida de placeres viajando por todo el mundo y degustando de los más exquisitos manjares, ella simplemente resumió el concepto de tranquilidad así: – las cosas no dan felicidad sino la vida, uno es el que se hace feliz, las cosas solo dan algo de comodidad.

La mayoría de personas suponen que si obtienen cierto cargo tendrán la posibilidad gracias a dicho salario de ser más felices y de darles esa alegría a los suyos, convirtiendo ese trabajo lentamente en cargas e insatisfacciones como producto de una premisa de estas sociedades mercantiles en donde más se gana o se tiene, más se desea lo que quiere decir más insatisfechos nos hacemos.

El Texto de Textos nos revela en Isaías 41:10, “no temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Creador que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                    COTIDIANIDADES…                                                                                         ¡nos trasformaremos!