Y aunque todo parece indicar que en nuestras actividades cotidianas buscamos en parte fortalecer un poco más nuestro ser interior vistiéndole de modas, de lujos, de posesiones materiales y sociales e incluso de un modelo de vida que desde dicha superficialidad poco llena los vacíos que en nuestro ser tenemos, es importante alimentar un poco más a diario ese ser interior que necesita de fraternidad, sentirse útil a la misma sociedad, pensamientos positivos y proactivos, ambientes sanos y llenos de servicio, en fin, de toda una alta gama de condiciones de vida que el estrés de la economía competitiva que nos sofoca antes que dárnoslo, nos lo quita.

Una perla anónima nos dice: “teme menos al enemigo que te ataca y más al falso amigo que te abrasa”.

Cuentan que cuando le preguntaron al coach al respecto de si existía una diferencia entre logros, metas u objetivos, este expreso que todo dependía si esas visiones futuras tenían más incidencia en lo interior que en lo exterior, ya que mientras en el segundo escenario: el éxito, los aplausos, las posiciones sociales y las posesiones materiales nos influenciaban, lo cierto es que lo interior aún obteniendo dichos frutos no nos sentiríamos plenos si dichos insumos no se disfrutaron en su proceso.

Parece que quienes afirman que llevamos dos tipos de vida distintos tienen toda la razón, ya que una cosa es el mundo que vivenciamos a través de nuestro ser interior y otra el mundo que tenemos que asumir desde lo exterior, en donde no solo dependemos de los demás y las circunstancias que allí se entretejen sino también de cómo estas nos afectan interiormente quitándonos incluso la coordinación consciente de dichas reacciones.

El Texto de Textos nos revela en Juan 15:10, “si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                     COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!