Y aunque muchas respuestas pueden nacer de inquietudes tan profundas lo cierto es que el propósito o sentido de nuestra vida parece más coherente cuando lo visionamos desde lo trascendente de nuestras existencias y no desde proyectos temporales que en algunos casos contrario a lo que pensamos le quitan la dirección u orientación que deben tener nuestras coexistencias. Y es que para nadie es un secreto que nuestra vida tiene que ver más con las interacciones e inter relaciones en las que nos movemos día a día que en la búsqueda egoísta de objetos materiales o posiciones sociales que si bien llenan nuestros egos solamente se convierten a futuros en cargas y desgastes.

Una perla anónima nos dice que, “optimistas y pesimistas experimentan la misma muerte, pero viven vidas muy diferentes”.

Cuentan que Howard Hughes Jr., fue el electrizante magnate de los años treinta y cuarenta que persiguió récords e impulsó proyectos delirantes como el avión más grande del mundo, el mismo que con su faceta de playboy producía películas de Hollywood, se acostaba con cientos de mujeres, en fin, que hizo todo, sin quererlo, para profundizar su leyenda pero terminó víctima de su paranoia, adicción y delirio. Al final de su vida el pelo le llegaba a la cintura, sus uñas eran tan largas que se enroscaban, y tenía llagas y ronchas de mugre en la piel. Un estado diciente para alguien que siempre vivió obsesionado por la limpieza. Solo tres veces en esos 20 últimos años se cortó el pelo, recluido en pisos enteros de hoteles a los que nadie podía acceder. Solo sus servidores, un grupo de seis hombres de los cuales cinco eran mormones, quienes por cumplir órdenes o por conveniencia no lo protegieron de sí mismo. Y al morir, su herencia fue objeto de enormes pujas y controversia.

Una historia que como muchas demuestra que en ocasiones trabajamos incansablemente por objetivos sin sentido y perdemos lo más importante que tenemos y es el sentido que tienen nuestras vidas y que no nos lo da ningún objeto.

El Texto de Textos nos revela en Eclesiastés 4.5, “el necio cruza sus manos y come su misma carne. Más vale un puño lleno con descanso, que ambos puños llenos con trabajo y aflicción de espíritu. Yo me volví otra vez, y vi vanidad debajo del sol”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                     COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!