Valdría la pena que entendiéramos que el amor como muchas otras cosas de esta Creación no debería tener medida, ni tiempo y menos confundirse con cualquier otro sentimiento que sesgado por nuestras emociones, expectativas y erradas perspectivas al respecto de nuestras inter relaciones e interacciones nos mantienen confundidos, frente a algo que es realmente nuestra prioridad como especie: el amarnos. Fluir que como vinculo perfecto nos incita a acercarnos más y más los unos con los otros y a entendernos, a complementarnos, haciendo desde esa lógica que nuestras coexistencias estén plagadas de sanos acuerdos a través de los cuales producimos armonía y bienestar general. Postura que aunque puede ser calificada como utópica es en esencia la mejor forma de comprender el amor, ese del cual nos habla la misma naturaleza pero que nosotros nos negamos siquiera a traducir como ejemplo para nuestro día a día.

Una perla anónima nos dice que “lo más triste es la tristeza de una persona alegre”.

Cuentan que Amor Eterno de Gustavo Adolfo Bécquer es una hermosa poesía que nos incita a amar sin medida: “podrá nublarse el sol eternamente; podrá secarse en un instante el mar; podrá romperse el eje de la Tierra como un débil cristal. ¡Todo sucederá! Podrá la muerte cubrirme con su fúnebre crespón; pero jamás en mí podrá apagarse la llama de tu amor”.

Mucho se habla del amor pero tal vez poco colocamos en práctica todas estas prédicas, ahora lo importante es que más allá de palabras estemos llamados a vincularnos más de todo corazón los unos con los otros, alejándonos de todos esos sentimientos egoístas que históricamente hemos confundido con este fluir perfecto del que sospechamos pero al que aun nos falta mucho por conocer y asimilar.

El Texto de Textos nos revela en II de Timoteo 1:7, porque no nos ha dado el Creador espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                    COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!