Regularmente valoramos algo no tanto por el precio de dicho bien sino más bien por el aprecio que le damos a ese objeto o persona y aunque no podemos desligarnos de esta cultura mercantil que nos lleva a considerar el valor de las cosas por su precio, tampoco podemos dejar de vislumbrar que incluso lo que no tiene ese valor comercial nos genera un aprecio especial que le da incluso nuevos sentidos a nuestras vidas. Desde dicha mirada esos objetos o personas acaparan nuestro tiempo, se convierten en nuestras prioridades y a la vez motivan hasta nuestras expectativas para intentar darle lo mejor de nosotros y a la vez disfrutar de ese bien o ser lo que más podamos. De allí la importancia de comprender que no todo vale económicamente y por ende con dinero se puede adquirir ya que lo que le da más valor a nuestras existencias necesita es de nuestro aprecio.

Una perla de Cervantes nos invita a, “confiar en el tiempo que suele dar dulce salidas a muchas amargas dificultades”.

Cuentan que cuando el buen y fiel esposo fue criticado por uno de sus compinches de los días de juventud, al considerarlo un tonto debido a que se había alejado de todo y se había dedicado a su esposa e hijos, este simplemente le interrumpió con tono amigable y le mostró un jardín, llevándole a que observara y disfrutara de la fragancia de una rosa para gracias a esa imagen decirle: – es el tiempo y el cuidado que le has dedicado a una rosa lo que la hace tan importante y no tanto el valor que desde otra lógica otro le da a ella.

Y es que aunque algunas metáforas nos invitan a reflexionar en profundidad al respecto de las muchas enseñanzas que podemos obtener incluso de una palabra si la visualizamos desde otra perspectiva, lo más importante para tener en cuenta es que si a algo le dedicamos nuestro tiempo y nuestro énfasis, ello le dará más sentido a nuestras existencias.

El Texto de Textos nos revela en I de Pedro 2:9, “mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por el Creador, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo del Creador; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                    COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!