Y aunque hay personas que en su ego se consideran verdaderamente sapientes lo cierto es que la vida nos demuestra a diario que entre más aprendemos menos conocemos, siendo nuestra obligación en medio de ese universo de ignorancias aprender a diario e intentar que esos nuevos saberes nos permitan reconocernos a través de ellos, lo que quiere decir que al adquirir el conocimiento lo que debemos hacer es integrarlo a nuestro ser y hacerlo útil para nuestras acciones comprendiendo que además debemos buscar que otras personas también se reconozcan a través de dicho saber y así se presente un crecimiento integral que nos provoque entre muchas cosas la armonía que como visión debe ser el objetivo de todos nuestros saberes.

Una perla de Einstein afirma: “nunca consideres el estudio como un deber, sino como una oportunidad para penetrar en el maravilloso mundo del saber”.

Cuentan que en un foro académico un par de invitados debatían aireadamente al respecto de quien tenia la razón y como las tonalidades del debate se estaban tornando complejas, el moderador de aquel foro tomó la decisión de pedirles no solo que se calmaran, respetaran el uso y orden de la palabra sino que además tuvieran en cuenta que el nivel más alto de nuestra ignorancia se da cuando rechazamos algo de lo cual no sabemos realmente nada.

Y es que aunque estamos acostumbrados a sentirnos expertos en algunos temas como producto de su estudio e investigación también la misma ciencia ha demostrado que con el paso del tiempo lo que se considero cierto e incluso como verdad revelada, al tiempo se demuestra que era un error garrafal por lo que más que certezas nuestros conocimientos solo nos ofrecen luces al respecto de algunos temas.

El texto de textos nos revela en Santiago 2:6, “pero vosotros habéis afrentado al pobre. ¿No os oprimen los ricos, y no son ellos los mismos que os arrastran a los tribunales? ¿No blasfeman ellos el buen nombre que fue invocado sobre vosotros? Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                     COTIDIANIDADES…                                                                                            ¡nos trasformaremos!