Y aunque seguramente la respuesta afirmativa es contundente por parte de quienes reflexionan a través de estos mensajes de vida cotidianos, también esta demostrado que aunque deseamos ese modelo de vida, regularmente e inconscientemente hacemos todo lo contrario para obtener dichos resultados. Y es que como vamos a lograr la sanidad corporal consumiendo comita chatarra todo el tiempo, acompañando estas de bebidas azucaradas y de poco ejercicio. Además es poco probable el vivir sanamente cuando a nuestro alrededor nos estamos cargando con todo tipo de conflictos y además queremos agredir hasta nuestros seres más cercanos, llevando a nuestra mente una serie de recuerdos e incluso expectativas que poco o nada aportan para ese bienestar que tanto predicamos. Así que para estar sanos debemos actuar de tal forma que los lógicos resultados sean estos y no otros.

Una perla de Moliere nos comenta: “aquellos cuya conducta se presta más al escarnio, son siempre los primeros en hablar de los demás”.

Cuentan que cuando el médico general revisó a su paciente y la escuchó con la cantidad de quejas, recriminaciones, enfados acumulados, angustias y resentimientos que expresaba, le solicitó que al terminar la consulta tuviera en cuenta que nos enfermamos por reprimir nuestras emociones, por renunciar a una vida de valores, por asumir cargas ajenas y malas inter relaciones, por apegos o culpas así como por guardar resentimientos, incertidumbres, agendas sobre cargadas, vicios y malos hábitos, pero sobre todo por nuestra ausencia de una espiritualidad.

Y es que aunque no parece muy normal que un médico hable de espiritualidad si esta demostrado que somos seres integrales que necesitamos una armonía entre nuestro cuerpo físico, nuestro ser mental que debe tener pensamientos positivos y proactivos y nuestro ser espiritual que requiere de interrelaciones sanas en donde primen los acuerdos.

El Texto de Textos nos revela en Mateo 10:26, “así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse. Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                    COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!