Y aunque el termino como muchos otros puede llevarnos a distintas reflexiones, en este caso estamos haciendo alusión a la postura corporal que asumimos a diario, la cual se ve influenciada regularmente por un sentado incorrecto, el acostarnos encorvados y el agachar continuamente nuestra cabeza generando un sobrepeso a los músculos del cuello que tienen que compensar estos esfuerzos para intentar equilibrarnos con la asistencia de otro tipo de músculos que lógicamente van encorvando nuestro ser, lo cual se denota en la famosa joroba que ya parece normal en nuestras nuevas generaciones. Los seres humanos debemos entender la importancia de caminar erguidos y a la vez de lograr que nuestra cabeza se mantenga firme ante las diferentes situaciones que nos acontecen.

Una perla de Federico Nietzsche apunta a que “encontremos a menudo una benevolencia inexplicable que nos ofende, porque ello demuestra que no se nos toma bastante en serio”.

Cuentan que cuando el fisioterapeuta observó a una persona caminando mal y quejándose de un dolor se acercó a ella y sin forzar demasiado sus brazos se los llevó hacia atrás, colocándole luego ambas manos sobre la cresta ilíaca, ubicada en la parte posterior de la espalda, encima del hueso ilion. Y rápidamente este ser empezó a mejorar, no solo debido a la alineación de su columna sino que se dio cuenta que esa postura le aportó más equilibrio, notando adicionalmente que se favorecía día a día su autoestima así como su apertura mental para comprender algunos aspectos de la vida.

Y es que si entendiéramos la importancia de nuestra postura corporal así como el de caminar correctamente logrando que nuestra columna se mantenga erguida y nuestra cabeza levantada seguramente y gracias a esa alineación de nuestro ser lograríamos incluso disipar emociones como el enfado, alejarnos de tanta competitividad y también evitar todos esos resentimientos que a veces nos contaminan.

El Texto de Textos nos revela en II de Corintios 1:3, “bendito sea el Creador y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Creador de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por el Creador”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                    COTIDIANIDADES…                                                                                             ¡nos trasformaremos!