Y aunque la lista puede ser bastante larga, lo cierto es que regularmente no consumimos la cantidad de vegetales que requiere nuestro cuerpo y menos de todas las posibilidades que nos brinda nuestra tierra, lo cual es digno de ser revisado en pro de mejorar nuestra salud. Y es que históricamente se ha demostrado que una buena cantidad de las enfermedades que padecemos se deben a nuestra mala alimentación y al consumo de una serie de productos sintéticos y químicos que aunque se empacan finamente, contienen efectos colaterales complejos para nuestro ser. Bajo esa mirada deberíamos no solo ampliar la lista de vegetales para consumir en nuestro día a día sino la cantidad que de estos consumimos en nuestros platos.

Una perla de Oscar Wilde afirma: “sólo hay una cosa en el mundo peor que estar en boca de los demás, y es no estar en boca de nadie”.

Cuentan que cuando el vegetariano se sintió criticado por algunos de sus viejos amigos les preguntó si consumían berries y ante el silencio de estos les comentó: – sabían que una manera sabrosa de apartar el cáncer de nuestro ser gracias al consumo de vitamina C y de quercetina así como de ácido elágico es comer este vegetal que también contiene antocianina, la cual nos protege contra la enfermedad cardiaca al inhibir la síntesis de colesterol. Y concluyó: y ojala comieran además avellanas que contienen ácido alfa linoleico y ácido docosahexanoico, aceites encontrados en el pescado. Ayudando con sus grasas vegetales a reducir los ataques cardiacos y embolias al tiempo que potencian el sistema inmune.

Incluso hay quienes aseguran que las avellanas pueden ayudar a equilibrar las ingestas de ácidos grasos Omega 6 y Omega 3, por lo cual estos y otros vegetales deberían ser los productos naturales a consumir a diario en nuestros hogares y no una serie de comida chatarra que si bien es muy publicitada igualmente es muy dañina.

El Texto de Textos nos revela en el Salmo 42:5, “¿por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en el Creador; porque aún he de alabarle, salvación mía y Creador mío”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                    COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!